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Condena por crimen de honor: padre y hermanos culpables del asesinato de Ryan

Ryan Al Najjar
Ryan Al Najjar © Politie

Un caso brutal de violencia familiar por “honor” en plena Europa

El tribunal de Lelystad condenó este lunes a Khaled Al Najjar, padre de la joven Ryan Al Najjar, a 30 años de prisión por su asesinato, ocurrido en mayo de 2024 en los Países Bajos.

Sus dos hijos, hermanos de Ryan, también fueron sentenciados a 20 años de cárcel cada uno por su participación directa en el crimen.

La joven de 18 años fue estrangulada y ahogada en la reserva natural de Oostvaardersplassen, cerca de Lelystad. Según determinó el tribunal, el asesinato fue motivado por un supuesto “crimen de honor”.

Premeditación y complicidad: el rol de cada acusado

El tribunal estableció que Khaled Al Najjar, el padre, de 53 años, jugó el papel principal. Tras cometer el crimen, huyó a Siria, donde actualmente se encuentra prófugo y es buscado internacionalmente.

Su sentencia, de 30 años, supera en cinco años la petición inicial de la fiscalía, debido a la gravedad y brutalidad del acto.

Los hermanos de Ryan, de 23 y 25 años, fueron condenados por haber facilitado el crimen. El tribunal concluyó que ambos sabían que su padre planeaba matar a su hermana y la condujeron deliberadamente al lugar del asesinato.

“La familia quiso borrar su existencia”

Según los registros judiciales, el motivo del crimen fue que Ryan habría "deshonrado" a la familia por adoptar comportamientos occidentales. La joven, que vivía en Joure, buscaba vivir con libertad y autonomía, lo que habría sido inaceptable para su familia.

El tribunal fue contundente en su fallo:

“Es responsabilidad de un padre apoyar a su hijo y permitirle desarrollarse plenamente. Khaled hizo lo contrario.”

Los jueces también mencionaron que ninguno de los tres intentó buscar a Ryan después de su desaparición, lo que reforzó la hipótesis de que sabían que estaba muerta.

Había premeditación y deseo de eliminar cualquier rastro de su existencia.

Una tragedia que genera indignación

Durante su traslado al centro penitenciario, uno de los hermanos, Muhanad Al N., gritó: “¡Limpiaré mi nombre!”, en lo que algunos interpretan como una señal de no arrepentimiento o negación de culpabilidad.

Este caso ha provocado una profunda conmoción en la sociedad neerlandesa. Diversas organizaciones de derechos humanos han pedido mayor protección para jóvenes en riesgo por violencia familiar o presiones culturales.

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