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Dos mujeres denuncian a la policía de Utrecht por agresión

Dos jóvenes mujeres han presentado una denuncia formal contra un agente de policía tras ser pateadas y golpeadas durante una intervención policial ocurrida el lunes 26 de enero en el centro comercial Hoog Catharijne, junto a la estación central de trenes de Utrecht.
📹 El video que desató la indignación
Las imágenes, ampliamente difundidas en redes sociales, muestran a una de las mujeres riendo mientras es sujetada por un agente.
Su acompañante graba el momento con el teléfono móvil, pero el agente se gira, la patea y luego golpea a la otra mujer varias veces con su porra, aparentemente mientras ella intenta liberarse.
El video provocó una ola de críticas públicas y ha sido recogido por varios medios nacionales.
Presentan denuncia por violencia y racismo
Las dos jóvenes, representadas por el abogado Anis Boumanjal, presentaron una denuncia formal por uso excesivo de la fuerza y comentarios racistas. Según el abogado, el agente habría dicho:
“Ustedes no pertenecen a este país”.
Ambas mujeres han requerido atención médica tras el incidente, confirmó Boumanjal al programa Nieuwsuur.
👮♀️ Versión de la policía y situación actual
En un comunicado emitido el miércoles, la Policía de Utrecht confirmó estar investigando el caso:
“Somos conscientes del impacto que tiene este video y de las preguntas que plantea, incluso sobre racismo”.
Según la policía, unas 20 personas estaban involucradas en el incidente inicial. La joven detenida, de 23 años fue acusada de insultar a un agente.
No está claro qué provocó la intervención inicial ni en qué momento escaló la situación. La policía indicó que el uso de porra o gas pimienta solo está autorizado si la persona se resiste al arresto y la medida es proporcionada.
Expertos cuestionan la proporcionalidad del uso de la fuerza
El investigador de la Universidad Erasmus, Jair Schalkwijk, cuestionó la actuación policial:
“La patada y el uso de la porra fueron desproporcionados. La policía podría haber controlado la situación sin violencia”.
El caso reabre el debate sobre el uso de la fuerza por parte de la policía neerlandesa, especialmente en contextos donde podría existir discriminación racial o prejuicio cultural.


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