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Un año del experimento del cannabis cultivado en Países Bajos

Cultivo de cannabis
Cultivo de cannabis © Richard T en Unsplash

Se cumple un año desde que los coffeeshops de diez municipios neerlandeses comenzaron a vender cannabis exclusivamente de origen legal dentro del experimento nacional de cultivo regulado.

La iniciativa, impulsada por el gobierno para reformar la política de tolerancia, muestra resultados positivos en su primer balance, aunque no ha estado exenta de incidencias .

Un modelo para cerrar la “puerta trasera”

El experimento de la llamada “cadena cerrada de coffeeshops” busca resolver una contradicción histórica en Países Bajos: la venta de cannabis está permitida, pero su cultivo sigue siendo ilegal. Esto obligaba a los establecimientos a abastecerse en el mercado negro.

Con el nuevo modelo, los coffeeshops solo pueden comprar a diez cultivadores certificados, lo que permite controlar toda la cadena de producción y distribución .

Adaptación inicial y mejora progresiva

“Al principio, tuvimos que adaptarnos”, explicó Rick Bakker, director de Hollandse Hoogtes, uno de los productores autorizados.
La demanda de ciertas variedades superó la oferta disponible, lo que obligó a ajustar la producción. Sin embargo, la situación se ha estabilizado y actualmente el suministro es más variado y constante .

Aun así, el hachís sigue siendo un reto: el producto legal presenta diferencias de sabor y precio frente al importado desde Marruecos. Pese a ello, muchos consumidores ya han optado por la alternativa regulada.

Impacto en consumo y seguridad

El alcalde de Breda, Paul Depla, destaca que el experimento no ha provocado un aumento del consumo ni problemas de orden público.

“Los clientes no se han marchado. Las ventas en las tiendas no han disminuido. Y tampoco vemos que surja ningún tráfico callejero”, afirmó.

Además, subrayó que el cambio ha sido estructural:

“La legalización cambió algo en la trastienda, no en la puerta principal” .

Inspecciones y sanciones limitadas

La Inspección de Justicia y Seguridad detectó 42 infracciones durante 46 inspecciones a cultivadores, la mayoría relacionadas con errores administrativos o incumplimientos de normas de seguridad.

Solo cuatro casos derivaron en multas, que oscilaron entre 1.000 y 20.000 euros, sin vínculos con el crimen organizado .

El sistema incluye un riguroso control: cada planta cuenta con un código único que permite rastrear su recorrido desde el cultivo hasta el punto de venta.

Debate político y futuro incierto

El experimento continuará durante al menos tres años más y será evaluado en 2029. Sin embargo, expertos como la investigadora Nicole Maalsté advierten que esperar tanto podría generar incertidumbre en el sector.

Suspender el programa implicaría graves consecuencias: los coffeeshops tendrían que volver a proveedores ilegales inexistentes y los cultivadores perderían inversiones millonarias.

Expansión, el siguiente reto

Ampliar el modelo a todo el país requerirá aumentar significativamente la producción legal y superar obstáculos legislativos.

Por Tierras Holandesas

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