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La culpa del migrante: una emoción difícil de reconocer

La culpa migrante es un sentimiento que enfrentamos quienes decidimos migrar. Esta emoción suele adicionarse a los distintos desafíos que atravesamos a lo largo del camino.
La culpa del migrante se caracteriza por la comparación entre nuestra realidad actual y la que hemos dejado atrás. En la mayoría de los casos está ligada a las condiciones de vida de nuestro entorno familiar y social en el país de origen.
Diversidad de motivos y la importancia del autocuidado
Las razones para migrar son tan diversas como migrantes somos. Desde el enfoque terapéutico, siempre recordamos que es importante observarnos con paciencia y cuidado para poder navegar estos desafíos.
Cómo aparece la culpa durante el proceso migratorio
Durante este proceso, la culpa por haber dejado atrás a nuestra familia y seres queridos aparece sin previo aviso. Puede surgir al conseguir trabajo y notar que hemos mejorado parcialmente nuestra calidad de vida.
También puede ser resultado de tener acceso a cosas que no habíamos logrado en nuestro país de origen. También puede manifestarse como una carga mental cuando queremos enviar ayuda económica a nuestros familiares y no somos capaces de hacerlo.
Sea cual sea la situación, es importante reconocer que la culpa emerge a partir de un sentimiento de responsabilidad asumida, literal o simbólicamente.
La raíz de la culpa migrante
Puede aparecer por el deseo de querer ser un pilar de apoyo para quienes están en nuestro país de origen, por no poder compartir experiencias enriquecedoras que estamos viviendo en los Países Bajos, o surge como la necesidad de cubrir cierta falta que nos hemos impuesto al emigrar o una vez asentados en el nuevo territorio.
Existen algunas claves para gestionar esta emoción y no sentirnos tan abrumados por ella.
Claves para gestionar la culpa
En primer lugar, es importante discernir si lo que estamos sintiendo es la consecuencia de un compromiso asumido o simplemente la toma de conciencia de una diferencia que estamos habitando al comparar nuestra vida actual con la experiencia previa a la migración.
Si se trata de un compromiso asumido, puede ser de ayuda preguntarse por qué ese compromiso no se está cumpliendo.
Quizás nuestras condiciones aún no son las ideales, o quizás todavía no estamos del todo listos para poder sostenerlo. Y eso no significa que no vaya a ocurrir, sino que, por el contrario, debemos priorizar nuestra propia estabilización antes de poder ampliar nuestro margen de acción.
Cuando la culpa forma parte del duelo migratorio
Si la culpa surge porque hemos tomado conciencia de que nuestra vida es distinta a lo que era, y de que hay situaciones o realidades que ya no nos representan, entonces probablemente estemos hablando de una culpa que ha emergido como parte del proceso de elaborar el duelo migratorio.
En ese caso, es importante que logremos reconocer que necesitamos darle espacio a ese duelo para poder sentirnos, una vez atravesado, un poco más estables y encontrarnos así con la versión de nosotros mismos que nos espera al otro lado de ese dolor.


